Fantasmas

Estas últimas noches están conmigo. No son esos de carne y hueso que por meses hicieron que durmiera con el sobresalto de que podían volver a entrar al departamento, ya no para sacar más cosas, prácticamente se llevaron todo, si no para seguir haciendo daño, ese que aparece cuando exponen tu vulnerabilidad e impotencia. No, no son esos. Tampoco aquellos que son como energías sin descanso cuya, inexplicablemente, principal tarea es venirte a quitar el sueño con visiones o sensaciones misterio y terror. Se trata del librero principal, o más precisamente de los libros y otros trastes que hay ahí, de mi departamento. Un reacomodo en la recámara, en una de las posiciones de cama, me hace mirar ese librero, esos libros y he visto cosas sorprendentes. Sombras que configuran cuerpos y, lo más sorprendentes, arreglos de libros que, a partir del reflejo de los autos de la avenida que los alumbran, cobran movimientos y se tornan en objetos con vida. Digo que me ha pasado ya varias noches. Ayer mismo lo que surgió fue una luz tintineante en una de los pliegues entre libro y libro. Cerraba mis ojos para intentar dormir, luego los abría y ahí seguía esa luz, llamándome, en la entrevela acabe recuperando el sueño y ya no supe más de ella. Hasta hoy se me ocurrió identificar el libro del cual se desprendía la luz. Intentaré ubicarlo aunque con luz seguramente será una visión distinta, no estarán ahí.

Hacernos preguntas

Leí la nota de León Krauze donde dialoga con Peter Singer, un experto en bioética, sobre la justificación moral que tiene hoy en día la existencia de los zoológicos. Esta entrevista surgió a propósito de las imágenes que se difundieron desde Copenhague en febrero de este año del sacrificio de una jirafa, enferma o tal vez muerta, que luego, enfrente del público, fue ofrecida a los leones.

Me llamó la atención la nota porque a mí me gusta ir a los zoológicos. Pero me atrajo más leer los argumentos que Singer esgrime para censurar la apertura de nuevos zoológicos o aquellos en donde los animales no tienen condiciones adecuadas de vida, pero también aboga que los que ya existen no pueden desaparecer bien porque los animales ya no son capaces de regresar a sus hábitats o bien porque estos ya no existen o están en peligro de extensión. Y me sorprendió más los argumentos con los que crítica a aquellos que se escandalizaron por el espectáculo de la jirafa.

Esa nota, el hecho, los argumentos, las diferentes posiciones ante el hecho, me recordó la importancia de hacernos muchas preguntas, al estilo de muchos filósofos de profesión y aquellos que lo son porque así es su naturaleza, de muchas cuestiones, sobre todo aquellas que adoptamos por gusto o por afinidad o por costumbre y que ya sean individuales o colectivas siempre tienen implicaciones más allá del tiempo y el espacio.